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Internacionalización no tener fronteras sin perder las raíces

Martín Berasategui, chef.

Cuando empecé a dedicarme al mundo de la cocina hace más de 40 años, lo hice con la misma ilusión que tengo actualmente. Sigue en mí muy vivo el recuerdo de, cuando siendo un chaval, mi madre y mi tía me dejaron ponerme el delantal en el bodegón Alejandro.

Ellas me insistieron en que, si quería ser cocinero, debía estar al pie del fogón desde la mañana hasta la noche. Por ello, un consejo que siempre he dado y que no olvido, ya que supone tener muy presente mis raíces, es el ser humilde, el agradecer la herencia recibida y el pasar por todos los escalones, igual que yo subí, poco a poco, los 28 peldaños que llevaban del bodegón familiar hacia la calle.

Tener presentes los orígenes

Siempre recordaré cuando me hice cargo del negocio de mis padres o acudí a pedir un préstamo al banco con el aval del pastor de Igueldo. Estos son los orígenes que siempre he tenido muy presentes y agradezco cada día la oportunidad que se me brindó para hacer realidad mis ideas. En todas y cada una de las ocho estrellas Michelin que me han ido otorgando estos años, mis raíces han estado muy presentes.

Este recorrido ha venido acompañado con la puesta en marcha de restaurantes en otros países, como México y República Dominicana. En este punto recuerdo cuando me propusieron un proyecto para ir al Caribe al que no le podía decir que no. Como todo en esta vida, hay que tener capacidad de estudio, conocer qué es lo que quiere la clientela que va a esos hoteles y, luego, tener extraordinaria profesionalidad y un equipo que sepa interpretar mis ideas con las materias primas que hay en esos países.

Asimismo, hay que ser un obseso de la calidad, compartir experiencias e ideas con la gente de tu equipo y tener la suficiente humildad como para escuchar a la clientela. Hay que soltarse la melena del atrevimiento. No tener ni miedo, ni pereza, ni vergüenza y, sobre todo, atender al público con encantadora amabilidad, estar siempre con los pies en el suelo del sitio que te acoge y yo a lo mío, que no es otra cosa que inventar platos en cada país donde me quieren.

Calidad e internacionalización, derribar fronteras, pero sin perder las raíces son unos valores que comparto con mis buenos amigos de Resuinsa, quienes ya están presentes en 100 países y trabajan día tras día para ofrecer unos textiles excelentes en 8.000 restaurantes y hoteles. Al igual que la alta cocina española esta marcando una época en todo el mundo, empresas como Resuinsa contribuyen a exportar el buen hacer de este país.

Por ello, siempre hay que tener en cuenta cuál ha sido nuestro origen, trabajar con la misma humildad que cuando no nos conocía nadie y mantener la misma energía y el mismo garrote que hemos tenido para llegar a ser conocidos en los cinco continentes.

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