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Horno de leña del restaurante Grosso Napoletano, Javier Mesa

Texto: Javier Mesa

Los equipos de cocina se han convertido, además de una herramienta de trabajo para los cocineros, en un factor competitivo y de imagen de unos restaurantes y cadenas que apuestan por mostrarlas al cliente sin complejos.

Los tiempos en los que una cocina era un lugar secreto para el comensal pasaron. La nueva hostelería, que se esfuerza por ofrecer a sus clientes una experiencia total, en algunos casos hasta inmersiva, demanda equipos de cocina que puedan mostrarse a la sala.

El trabajo de las cocinas se ha convertido en un reclamo para los nuevos comensales y los empresarios de restauración lo saben y exigen de sus proveedores máquinas con un fuerte componente estético, así como unos diseños de cocina capaces de pasar la prueba del algodón, en este caso, la de la constante exposición ante los usuarios.

Una muestra de los retos a los que se enfrentan diseñadores, instaladores y fabricantes de equipamiento es el de la nueva hornada de restaurantes chinos, que han dado una vuelta de tuerza a la concepción de sus locales dando un fuerte protagonismo visual a las cocinas.

El caso de El Buda Feliz 1974 en Madrid es paradigmático. Este local pionero de la gastronomía china en la capital se sometió hace poco más de un año a un proceso de reconversión completo de la mano de sus nuevos propietarios de origen chino. En su colaboración con el estudio de interiorismo bilbaíno Lavela, los empresarios apostaron por romper la frontera entre sala y cocina atreviéndose a mostrar el trabajo en los fogones. Un tabú y un prejuicio en torno a los restaurantes chinos quedó así hecho añicos.

 

Este estudio también fue responsable de la creación del nuevo proyecto de alta gastronomía del cocinero chino Julio Zhang en Madrid, el restaurante SOY Kitchen donde toda la profundidad del interiorismo culminaba en la gran ventana de pase donde el chef remata el emplatado de una cocina que se muestra abiertamente al comensal.

Un paso más allá de esta moda son las populares barras de inspiración nipona. En ellas, el cliente se sienta ante el cocinero para asistir en directo a su trabajo en los fogones o con los cuchillos. En todos estos casos, el componente estético se suma a la fiabilidad de los equipos, calidad de los materiales y su facilidad de limpieza.

La tendencia cobra una nueva dimensión en el caso de los restaurantes gastronómicos que hacen de la cocina el centro de su sala o bien el escenario donde se recibe al comensal para ofrecerle un primer aperitivo. Y en la pujante restauración organizada, en crecimiento exponencial en los últimos años en nuestro país, cada vez más cadenas abren sus cocinas a la vista de los clientes como garantía de la honestidad y calidad de su oferta.

Conoce las propuestas de:

Charvet

Sammic

Repagas

Romag

La Tirolina

 

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