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lavado de vajilla

Todos los negocios hosteleros tienen sus propias particularidades, por muy parecidos que parezcan a primera vista. Por ende, las necesidades de un hotel, un restaurante, un bar, o un local de copas, por poner algunos ejemplos, también serán diferentes, lo que merece un análisis minucioso. A pesar de estos puntos disruptivos, hay un aspecto que puede contentarlos en conjunto, siempre teniendo en cuenta esos puntos que los hacen diferenciales.

Se trata del lavado de vajilla, cuya completa oferta existente en el mercado está capacitada para adaptarse a cada tipo de establecimiento, ofreciendo una solución completa en cada caso. Así, desde el lavavasos básico hasta a los sistemas de arrastre de cestas, los fabricantes ponen a nuestra disposición multitud de modelos de distintas capacidades, producciones y prestaciones.

¿Cómo se diversifica la oferta?

Desde Sammic, resumen los tipos de lavavajillas profesionales a la perfección: «Los lavavajillas profesionales se pueden clasificar dentro de las siguientes familias principales: lavavasos, lavavajillas frontales, capotas, lavautensilios, trenes de arrastre y trenes de cinta», expresa Ruben Duran, product manager de la familia de lavado de vajilla de Sammic.

Así, en primer lugar tenemos los archiconocidos lavavajillas, con dos tipos básicos: el de apertura frontal y el de capota. El primero de ellos posibilita el lavado de platos de diferentes dimensiones. Se aconseja que antes de escoger uno u otro modelo, el profesional tenga claro en primer lugar cuáles son las piezas que va a introducir en el equipo. Las dimensiones de los lavavajillas frontales determinan la altura de los platos que podrá lavar, así como el número de unidades que podrá insertar en cada cesta durante cada lavado. Ruben Duran lo simplifica: «Son máquinas polivalentes que ofrecen un buen equilibrio entre tamaño, capacidad productiva y potencia de lavado».

Quizás una buena opción sean los lavavajillas de capota (o cúpula), pues admiten todo tipo de lavado de vajilla convencional, cristalería y cubertería y, por consiguiente, no hay que preocuparse por las dimensiones del material. La principal ventaja radica en el sistema de trabajo, puesto que no es necesario agacharse para introducir la cesta e iniciar el ciclo de lavado ya que se instalan en línea. Es decir, con una mesa de entrada y una de salida de las cestas.

Asimismo, en la de entrada habitualmente se incorpora un fregadero, que permite un pequeño prelavado con el grifo ducha para eliminar residuos antes de pasar al lavado automático. «Son máquinas pensadas para grandes productores, utilizadas fundamentalmente para el lavado de platos y utensilios. Suelen estar equipadas con bombas de lavado más potentes y eso les permite ofrecer una gran capacidad productiva», manifiesta el product manager de Sammic.

«La capacidad productiva es un factor que pesa a la hora de decidir: a ciclos más cortos, mayor producción»

lavado de vajilla

Otra opción es el lavacacerola, que actúa con características semejantes a los lavavajillas de capota, aunque, a diferencia de estos, es habitual que presenten apertura frontal superior de puerta. Estos están indicados para locales que necesitan lavar grandes cantidades de bandejas, ollas, cacerolas, y similares, o también grandes piezas del menaje del comedor o la cocina.

Para grandes colectividades, trenes de lavado: «Son máquinas pensadas para grandes productores (colectividades, hoteles de gran tamaño, salones de banquetes…) que necesitan lavar una gran cantidad de artículos en un periodo de tiempo limitado. Su diseño especialmente ergonómico y componentes de alto rendimiento favorecen flujos de trabajo eficientes», detalla Duran.

¿Qué valora el hostelero del lavado de vajilla?

Entre todas las posibilidades que ofrecen los distintos tipos de lavavajillas, hay una que reina: la velocidad de los ciclos de lavado. «La capacidad productiva es un factor que pesa a la hora de decidir, ya que, a ciclos más cortos, mayor producción. No obstante, es fundamental garantizar el compromiso con la calidad de lavado», aclara Ruben Duran.

El resto de características principales en las que pone el ojo el hostelero giran en torno a factores comunes que se podían esperar como la calidad del lavado, la capacidad productiva (entendido como la cantidad de platos/vasos que se pueden lavar en una hora); la capacidad de carga, o la fiabilidad y robustez, un factor crítico ya que los lavavajillas son el pulmón de cualquier negocio y no pueden fallar. «Por supuesto, el consumo de recursos es esencial. El usuario europeo está cada vez más concienciado con el consumo de agua, energía y químicos,  tanto por razones económicas como medioambientales», concluye Duran.

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Periodista de Mab Hostelero e Infohostelero. Graduada en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid y la Universidad de Santiago de Compostela.


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